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Natividad Cepeda | Los Lectores 16/05/2018
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Creo que este tiempo de excesivas palabras con demasiada ligereza, a veces, y extrema traiciones, otras, me fascina que un escritor del Campo de Montiel apueste por contar con letras su pasión por un genio magnifico de la palabra escrita. Porque volver a Quevedo es volver a la inteligencia y al respeto por la buena literatura. Y es muy posible que la conciencia actual repleta de halagos fatuos convertidos en palabras huecas no esté muy acostumbrada a leer y comprender la desolación del escritor del pasado, Francisco de Quevedo y, de éste, Juan José Guardia Polaino. Separados por siglos y diversas formas de vivir que evidentemente, los aleja y, que los acerca por otro lado, cuando buscan la redención humana desde la creación literaria de la palabra. No dudo que los dos escritores son fieles a sí mismos y por esta razón ni es fácil digerir a Quevedo, ni se lee de corrido, el último libro de Juan José Guardia Polaino.

“ido al fauno” es otra forma de peregrinar al monologo poético, que es por donde se discurre al leer las páginas de este libro personal de principio a fin. Sin olvidar esa otra imagen quevediana al que el autor, habla y comenta, sobre la sinrazón de la existencia y de la sociedad de ayer y de hoy. Junto a la creación del poeta, que nos adentra en esos 357 años de ausencia de don Francisco de Quevedo, que es por donde el libro empieza su andadura bajo el nombre “Umbral para una noche de ausencia” Guardia Polaino, desgrana su desgarro íntimo, con el desgarro de aquél, del que perdimos su materia, pero no su decir dejado en sus libros.
…Y así escribe:
“357 candiles para una historia sin guerrero ni rodela y solo alma, donde el pábilo pone al hombre o al poeta en solar claridad ante la historia, y es a nuestra fe, de sencilla mesa, luminaria y luz, y por la torres y atalayas sueño imposible o quimera. / Así don Francisco. /Así todo desnudo poeta./Él se nos fue de esta geografía tan adusta como hospitalaria./Se nos fue sosegado, luchando más con la muerte que con la enfermedad, flaco y afligido encomendado a Dios. /Voló su espíritu por los atrios. /De galería en galería, ganóle la libertad al coro inclemente del mundo.”

Con estos remos prosigue navegando la barca de este libro. Prosigue con las siluetas de versos y nombres como el de Lisi, y la fecha de ese 8 de septiembre por donde Caronte dispuso su barca. Y el autor, poeta apasionado, brinda por el poeta muerto, que no extinguido. Y con esa idea abundante en escenas contemplativas en la misma temática, el lector, se adentra en ese mundo espiritual y torturado, de la injustica y el abandono de la sociedad, que ejerce su olvido en los que son diferentes a ella.

El libro, es un libro de fragmentos profundos que envueltos en prosa poética, y lirismo poético, denuncia a los dioses mundanos actuales. “Sabed don Francisco que hoy hemos vuelto a bajar a vuestro pulso de “decidor de verdades” y por ese recorrido atinado me detengo, impregnada de la inseparable palabra gravada ya, no solo en el alma del poeta, también en mi ánimo y espíritu. Voy en su lectura por “la Villa Nueva de los Infantes de ese 1647 Natividad de la Santísima Virgen María, Madre de Dios y Madre nuestra y vuestra…” Si, así de sencillo y de grandioso son los matices lingüísticos de este libro sin complejos manoseados ni cobardías encubiertas de tantos libros publicados en la actualidad para encubrir, en muchos casos, la escasa creación de muchos autores. Si me detuviera en cada parte estructurada de éste libro sería tan prolífico que aburriría al posible lector y, con ello, flaco favor haría a su autor. Por lo que sería imperdonable no mostrar ese infierno que Juan José Guardia Polaino, nos muestra, al traer a los clásicos Dante, Virgilio y Quevedo, en sus propios infiernos, al que hoy, también nosotros bajamos, en esta inexistencia plagada de automatismo onírico de medios informáticos.

El prólogo que abre el libro es de José María Lozano Cabezuelo, escritor y Quevedista. Miembro del Instituto de Estudiso Manchegos: que define al Guardia Polaino de “Voz personalísima, de posía esencial y hondura ética, Guardia Polaino ha sido siempre como Francisco de Quevedo, incapaz de mantener sus cartas boca abajo y, por supuesto la boca cerrada ante la injusticia. La voz de Guardia Polaino, firme, seca y cálida, energica rompe el vácio y lo llena con una sentencia de sonatas tatuadas en el escozor del pecho; su alma está provista de tanta dulzura, que arremete sin contemplaciones contra el deshilachado exilio de lo cotidiano.”

Libro estructurado en 21 partes y un Umbral de Justificación transcurre por 104 páginas a las que hay que acudir con devoción de curtido lector avezado. Cuidada presentación a cargo de Juan José Guardia Polaino: Portada y Contraportada: detalle de la Ilustración de la primera edición de El Parnaso Español y Claustros del Convento de Santo Domingo. Interior: Retrato de Francisco de Quevedo por Juan van der Hamen.
En las solapas las palabras

…y la brújula que marca los destinos de los hombres,
lleven mis oraciones donde sean escuchadas.

Carlos Villar Esparza

Lleva en su piel lo intangible de un huerto
al despuntar el alba y el vuelo de un ave
que renuncia a izarse en pos de otros mares:
Transeúnte de mareas sin océanos, brega
por los caminos de Montiel cual alma quevediana
que regresara del ayer. Gran Maestre del verso,
Juan José Guardia Polaino, muestra su corazón
con sus palabras, al tiempo que nos regala
pétalos sin espinas, sin esperar otras dádivas
que la amistad hermana de los pobre poetas.

Natividad Cepeda Serrano


Sólo me queda agradecer mis palabras incluidas en este libro y desear que llegue a conocerse entre los lectores amantes de la buena literatura. Porque el Campo de Montiel tan desconocido aun, para muchos castellanos manchegos, sigue dando vida a ilustres escritores.

Natividad Cepeda


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