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manchainformacion.com | El Toboso 17/05/2018
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El Párroco de El Toboso y Consiliario Espiritual de la Hermandad del Cristo de la Humildad pide en su mensaje y saluda que estas fiestas de la Pascua de Mayo toboseña no sean «una vuelta añorante al Viernes Santo para quedarse en un eterno lamento lánguido que nos paraliza y cubre nuestra vida de un gris plomizo. Quien así pensara no habría entendido nada del seguimiento de Cristo que sigue siendo el Dios de la Vida con mayúsculas y el Dios de la vida con minúsculas, esa vida corriente de todos los días. El que sigue a este Maestro está enamorado de la Luz de la Resurrección y de la Vida»

Como es habitual en todas las fiestas importantes de la Parroquia “San Antonio Abad” así como para los fieles y vecinos de El Toboso (Toledo), D. Juan Miguel Romeralo Santiago, Cura -Párroco de la localidad y, en particular, consiliario espiritual de la Hermandad del Santísimo Cristo de la Humildad, ha dirigido un mensaje de saluda a todos los fieles y devotos del Santo Cristo, patrón de El Toboso, que en estos días se aproximan hasta su sacratísima imagen bendita para implorar de Él gracias y favores, a la par que rendir un sentimiento declarado de acción de gracias por los beneficios recibidos durante este año. InfoParroquia acerca a todos sus lectores y seguidores el texto íntegro del saluda de D. Juan Miguel, texto que también está publicado en el programa de fiestas que la Hermandad ha editado para este año 2018.

Saluda del Párroco

Durante la cincuentena pascual nos hemos dejado sorprender por la presencia de Jesús Resucitado. El asombro inicial se ha trocado en una verdadera y exultante proclamación de alabanza. El sonido del anuncio de la Resurrección que ha llegado a nuestros oídos (la fe nos llega por el oído, recuerda san Pablo a los Romanos 10,17) ha producido un auténtico borboteo de sentimientos que se ha materializado en la proclamación personal de esa misma certeza: “¡verdaderamente ha resucitado!”. La decepción primera ante la secuencia de Cristo llagado que acaba entregando su vida en la cruz a las afueras de la Ciudad de David se ha difuminado ante esas mismas llagas, aún abiertas pero llenas de vida, de ese mismo cuerpo ya resucitado.

En El Toboso, en esta porción del Pueblo de Dios que peregrina hacia la Pascua que no acaba, el fruto más granado de la Resurrección de Cristo tiene una imagen de tez oscura y de Corazón claro y brillante: el Santo Cristo de la Humildad. No es, como podría pensarse, una vuelta añorante al Viernes Santo para quedarse en un eterno lamento lánguido que nos paraliza y cubre nuestra vida de un gris plomizo. Quien así pensara no habría entendido nada del seguimiento de Cristo que sigue siendo el Dios de la Vida con mayúsculas y el Dios de la vida con minúsculas, esa vida corriente de todos los días. El que sigue a este Maestro está enamorado de la Luz de la Resurrección y de la Vida; y desde esa Luz y Vida echa a andar de nuevo para afrontar, junto al que estaba muerto y ahora vive, las cruces –propias o de quien camina a nuestro lado- que inevitablemente aparecen en el camino.

Acercarse estos días a la imagen del Santo Cristo de la Humildad no es otra cosa que cumplir ese mandato del Maestro a sus discípulos de volver a Galilea donde podrán verle (Evangelio de Marcos 16,1-7). Es recordar que es importante disfrutar siempre que podamos de todos los “monte Tabor” que busquemos y encontremos en nuestra vida, pero no para quedarse en ellos mirando al cielo, sino para después de haber saboreado, aunque sea de lejos como Moisés la Tierra Prometida desde la cima del monte Nebo (Libro del Deuteronomio 32,50), bajar para reproducir en el llano de nuestra vida lo que vimos en las alturas. Al llano de la vida no bajamos solos; Jesús no se queda arriba sino que nos acompaña y camina a nuestro lado como hará durante la procesión del sábado de Pentecostés la imagen del Santo Cristo de la Humildad.


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