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Natividad Cepeda | Los Lectores 12/06/2018
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Desde la estela de un paisaje de soledad bajo el cielo de la fe y la creación poética llega un nuevo libro de poesía de Valentín Arteaga; poeta de larga trayectoria y experiencia, propiciado por el conocimiento de la continuidad en la siempre contracorriente de escribir. La poesía, la buena poesía, es una caricia para el alma. Es, ese murmullo instalado en la esquirla del espíritu que nos arremete y explora hasta donde la pluma del poeta está capacitada para abrir y calar en las arterias del corazón humano.

La poesía, ni ayer ni hoy, tiene demasiados seguidores: o sea, lectores que indaguen su mensaje para inquietar la rutina que aliena a la colectividad creando factores carentes de sinceridad e incluso, algunos de ellos, carentes de ética. Es por eso que ante la lectura de un buen libro de poesía, se debe escribir de ello sin ambages ni rodeos que, en muchos comentarios, son la cara oculta de la envidia o el no entendimiento del mensaje poético. El largo sendero recorrido por Valentín Arteaga en el panorama poético avala su altura y también el estar por encima de novedades poéticas que no siempre son acertadas, aun cuando se presuma de cultura en focos culturales del momento.

El libro “Mientras la noche va a sus escondites es, como el mismo autor lo define “una antología totalmente personal”. Y como sigue explicándonos el poeta: “La gracia de entrar en el misterio es echarse al océano de Dios. Porque los poemas de este libro son el trasbordador que nos unen y enlazan con la magnitud de la creencia en un Dios Creador. Además de ser su verdad, su norte en la vida, al elegir ser un mensajero de la palabra evangélica como sacerdote católico con el riesgo que ello implica en nuestra sociedad a contracorriente, donde la fe no es respetada por pedagogos que no respetan a los que la profesamos. Porque el lugar común de todos los poemas de este libro no es la mera búsqueda de la regla máxima del arte en el poema, ni la rebuscada metáfora de la voz poética sin otro cometido que la belleza verbal, es sobre todo abrirse, y abrirnos, a ese código combinado de experiencia poética y de fe a cuantos lectores recorramos y leamos cada poema del libro encontrando en ellos la multiplicidad de un poeta, Valentín Arteaga, en toda su esencia contemporánea y actual.

Mientras la noche va a sus escondites, es un libro atemporal y se constata al leer en el poema “La sombra de mis manos” cuando el poeta dice: “Qué riqueza, Señor, ser tu mendigo, / tener necesidad de tu moneda. / Qué tuyo el corazón/ ahora que traigo/ tanta nada de mí.” Ese es el hondo sentir de todo este poemario. Consuela y se agradece la definición circundante de los salmos poéticos que jalonan las partes del libro; salmos de poesía castellana, donde el limpio lenguaje materno del poeta representa con silabas y letras su sentir singular y peculiar en cada uno de los poemas de esta particular antología. Antología por donde a través de su páginas acaece el sentir de un creyente en esta encrucijada por donde el escritor y poeta que es Valentín Arteaga, reflexiona el fluir de la vida. De ese tiempo transcurrido sin grandilocuencia, que para nada él necesita. Cada uno de los poemas tiene el porte y modales en el que se le reconoce al autor, versado en componer belleza en sus versos desde hace décadas en los muchos libros publicados en anteriores ediciones. Y que también en esta edición aparecen algunos de esos poemas ya publicados junto a otros inéditos como estos versos del poema Tantum Ergo: también aquí el poema es canto arteguiano por donde todo el alma canta en giros miméticos procedentes de su vocación cristiana de larga trayectoria al servicio de la casa de Dios y de su iglesia; y que así expresa y escribe…” Nos sentamos contigo para aclarar las fuentes/ de estas manos que nunca sembraron manantiales; / que han rodeado todos los bordes del aljibe/ de la sed como un vaso que embriagarse anhelara. / La misa es como el Pozo de Jacob en la siesta./Nos subirán las aguas por el cauce del pecho,/ una lluvia de pájaros inundado la orilla/ del corazón reseco que te mira a la boca./Eres igual que un faro para los navegantes.” Así es el libro, semejante a una embarcación para vadear el río de la vida entre los meandros de sus poemas.

“Mientras la noche va a sus escondites" se compone de 43 poemas en dos partes, la primera llamada “De los labios al alma” La segunda “Las otras oraciones”. El prólogo es del P. Antonio Cabrera Olmedo, CR. Prólogo que analiza los poemas y su temática religiosa en un profundo estudio y que dice al lector: “Cuando la noche va a sus escondites” es la confesión de un alma libre y enamorada. Confiesa llena de emoción que es posible la esperanza para quienes no temen caminar en la noche.”

El autor, Valentín Arteaga, introduce al libro en un texto aclaratorio bajo el título “Unos postreros intentos de poética” donde establece, a modo de diálogo con el lector, el por qué, del nacimiento de este libro donde esclarece su pensamiento para penetrar con él, en su poesía, asegurando que “El ser humano está hecho para la luz, y su lenguaje también.”

“Valentín Arteaga, un rastreador de claridades.” es el Epilogo escrito por el escritor Pedro A. González Moreno, analizador de la Obra Literaria Artegiana junto con la introducción de su nacimiento y posterior evolución humana y de su triple dimensión. “Tres dimensiones espirituales por las que él siempre ha sabido transitar desde su triple condición de hombre, de sacerdote y de poeta”, resume y cierra el libro.

Las ecuaciones personales sobre este libro, nos adentran en su lectura, aunque las observaciones y emociones derivadas de su posterior lectura, pertenecen al lector, que es a quien va destinado.

Editado por Ediciones Soubriet. Fotografía de Cubierta: Valentín Arteaga en el Monte de las Bienaventuranzas, de Alicia Valle. Publicado con la colaboración de Excmo. Ayuntamiento de Campo de Criptana Tierra de Gigantes.

Natividad Cepeda


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